La crisis de Ceuta despierta unas elecciones en Marruecos que nadie quería votar
El país vecino llega a los comicios del 23 de septiembre con una abstención histórica prevista, pero la reclamación de soberanía sobre Ceuta y Melilla ha entrado por sorpresa en la campaña.
Marruecos afronta el 23 de septiembre unas elecciones legislativas a las que buena parte de sus ciudadanos había decidido dar la espalda, hasta que la crisis migratoria de Ceuta le ha dado, según El País, un inesperado revulsivo. Hace apenas cuatro meses faltaban en el censo de inscripción voluntaria 12 millones de electores, un 57% del total, y las últimas encuestas apuntaban a una participación que podía caer hasta un tercio de los inscritos. En los comicios de hace cinco años solo votó la mitad de los 17,5 millones de censados entonces.
La soberanía entra en campaña
El detonante ha sido la avalancha migratoria que a finales de julio desbordó la frontera ceutí, con hasta 80.000 personas cruzando de forma irregular ante lo que fuentes españolas describen como inhibición de las fuerzas de seguridad marroquíes. En las semanas posteriores, hasta tres ministros del Gobierno de Rabat han reabierto en plena precampaña la reclamación histórica de soberanía sobre Ceuta y Melilla, ignorando según El País el compromiso mutuo para evitar ese tipo de reivindicaciones unilaterales que Rabat y Madrid habían sellado en 2022, tras la anterior crisis migratoria y a cambio del giro del Gobierno español sobre el Sáhara.
El ministro de Equipamiento Público y Agua, Nizar Baraka, líder del histórico partido nacionalista Istiqlal, advirtió hace una semana de que Marruecos no cederá, dijo, ni un centímetro de su territorio nacional, aunque matizó acto seguido la importancia estratégica de la relación con España, primer socio comercial y segundo inversor extranjero en el país. Antes que él, el ministro de Asuntos Islámicos, Ahmed Tufiq, independiente nombrado directamente por Mohamed VI, había aludido veladamente a Ceuta y Melilla en un acto religioso presidido por el rey, evocando a eruditos islámicos nacidos en la ciudad con anterioridad a 1580, año en que pasó a soberanía española.
Marruecos no cederá ni un centímetro de su territorio nacional
Quien ha llevado la voz cantante en esta ofensiva discursiva, según el diario, ha sido el ministro de Justicia, Abdelatif Uahbi, dirigente del Partido de la Autenticidad y la Modernidad, fundado en 2008 por el consejero real Fuad Ali el Himma. Uahbi ha defendido en varias entrevistas el que llama derecho histórico de su país sobre las dos ciudades autónomas españolas. El Ministerio de Exteriores español le respondió el 21 de agosto que Ceuta y Melilla forman parte de la integridad territorial y la soberanía de España, reconocidas internacionalmente, y también del territorio de la Unión Europea. Pedro Sánchez reveló después que, ese mismo día, España convocó de urgencia al número dos de la Embajada marroquí en Madrid para presentarle una protesta formal.
El silencio del jefe de Gobierno
Mientras sus ministros elevaban el tono, el primer ministro marroquí, Aziz Akhannouch, líder del Reagrupamiento Nacional de Independientes, que gobierna en coalición con el Istiqlal y el PAM desde 2021, ha guardado silencio desde el inicio de la crisis. El País recuerda que Akhannouch, cuya familia posee la segunda mayor fortuna de Marruecos, viajó en un vuelo privado a Mallorca poco después del desbordamiento de la frontera ceutí, y que ya se había descartado meses atrás como candidato de su propio partido para repetir al frente del Gobierno tras las elecciones.
El analista político Ali Anouzla, editor de la plataforma digital Lakome, sostiene que la cuestión de Ceuta y Melilla ha regresado al centro del debate político y mediático marroquí ante una opinión pública que rechaza que ambas ciudades sigan bajo soberanía española. Para Anouzla es creíble que se trate de una retórica dirigida sobre todo al público interno, pensada para generar un clima de movilización nacional y reavivar el sentimiento patriótico tras unas imágenes de éxodo masivo que, admite, han dañado la imagen del país en el exterior.
El repliegue de última hora
Según la reconstrucción de El País, la ofensiva discursiva se ha ido apagando en la última semana. Desde que Baraka lanzara el 29 de agosto su última proclama nacionalista, ninguna otra reivindicación de soberanía ha vuelto a surgir desde el Gobierno marroquí, pese a que el mensaje siguió teniendo eco en las redes durante la campaña. La convocatoria del diplomático marroquí en Madrid, la entrevista de Sánchez en la Cadena SER y, sobre todo, su comparecencia en el Congreso, donde anunció una respuesta contundente si se confirma la implicación marroquí en la orquestación de la avalancha del 30 y 31 de julio, parecen haber marcado los hitos de ese repliegue.
El comentarista Abdelá Turabi describía esta semana en el semanario Tel Quel un ambiente depresivo en Marruecos, agravado tras lo ocurrido en Ceuta, y hablaba de un país que sus jóvenes quieren abandonar aunque sea arriesgando la vida, incapaces de imaginar un futuro allí. El mismo semanario resumía el ánimo social con una frase que circula en los cafés marroquíes: se habla de Ceuta y de su impacto en las relaciones con España, pero no de las elecciones, porque la gente está decepcionada.
Queda por ver si el repunte de tensión diplomática logra realmente movilizar a las urnas a los millones de marroquíes que llevan años al margen del proceso electoral, o si, superada la fase más aguda de la crisis migratoria, la campaña vuelve al desinterés del que partía. También está por despejar quién encabezará finalmente el Gobierno que salga de estas elecciones, con Akhannouch descartado y el nombre de un candidato afín al Palacio Real todavía sin confirmar.
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