Así son los guantes de descargas eléctricas que Trump quiere dar al ICE para reducir a inmigrantes detenidos
La agencia migratoria estadounidense prepara una compra de hasta 20 millones de dólares de estos dispositivos, bautizados G.L.O.V.E., que aplican voltaje directamente sobre la piel del detenido.
El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) planea invertir entre 10 y 20 millones de dólares en equipar a sus agentes con unos guantes capaces de emitir descargas eléctricas, según un comunicado de la agencia publicado el lunes y recogido por El Mundo.
Qué son los G.L.O.V.E.
Los dispositivos se llaman G.L.O.V.E. (siglas en inglés de Generated Low Output Voltage Emitter, o Emisor de Voltaje de Salida Baja Generado) y los fabrica la empresa Compliant Technologies LLC, que ya los vende desde hace años a algunas cárceles y departamentos de policía de Estados Unidos. Por fuera son guantes de patrulla normales y corrientes. La diferencia está en un botón que el agente puede pulsar para activar el modo eléctrico, que debe aplicarse directamente sobre la piel de la persona para causarle dolor y forzar su obediencia. A diferencia de una pistola Taser, no hacen caer al suelo a quien los recibe ni dejan marcas de quemadura, según la descripción del fabricante recogida por el diario.
El primer defensor público del plan dentro de la Administración ha sido Tom Homan, el llamado zar de la frontera de la Casa Blanca. En una entrevista el jueves en el programa Fox & Friends, de Fox News, Homan presentó los guantes como una alternativa para evitar que los agentes recurran directamente a la fuerza letal. "Es otro dispositivo para ayudar a que alguien cumpla cuando no lo está haciendo", dijo. "No puedes pasar simplemente de 0 a 100 y que lo primero a lo que recurras sea la fuerza letal".
No puedes pasar simplemente de 0 a 100 y que lo primero a lo que recurras sea la fuerza letal
Según Homan, los guantes se sumarían al arsenal no letal ya disponible para los agentes, como las pistolas Taser o el gas pimienta, tanto para intervenciones en la calle como en los centros de detención. El propio responsable matizó que su despliegue real tardará todavía un tiempo, ya que el ICE sigue definiendo los protocolos de entrenamiento y otros aspectos normativos antes de entregarlos sobre el terreno.
Las críticas
El anuncio ha encontrado una oposición rápida. Cargos electos demócratas, organizaciones de defensa de los derechos civiles y varios expertos en el uso de la fuerza policial calificaron el miércoles el plan de innecesario y cruel, según recoge El Mundo. Su argumento de fondo es que los agentes del ICE ya recurren con demasiada facilidad a la fuerza en el marco de la ofensiva migratoria del presidente Donald Trump. Como referencia citan que al menos seis personas han muerto por disparos de agentes de control migratorio desde el año pasado, entre ellas dos conductores abatidos el mes pasado en Maine y Texas. También circula un vídeo grabado por el Instituto para la Prevención de Muertes bajo Custodia durante una demostración en Las Vegas en enero de 2023, en el que se ve a una persona tumbada boca abajo mientras se le aplica el dispositivo para obligarla a mostrar las manos y poder esposarla.
No todos los testimonios recogidos por el diario son críticos. En Bardstown, en el condado de Nelson (Kentucky), el carcelero Justin Hall explicó que su prisión lleva cuatro años usando estos guantes para controlar a los reclusos. Hall, que asegura haber recibido la descarga más de diez veces durante los entrenamientos, describe un dolor intenso que cesa en el momento en que se retira el contacto. "Es simplemente una forma más segura. Es más seguro para el recluso, es más seguro para el personal, y la mayoría de las veces conseguimos la sumisión", resumió, defendiendo su valor como elemento disuasorio cuando fallan las técnicas de desescalada.
Las dudas de los expertos
Entre las voces más cautelosas figura Geoffrey Alpert, profesor de criminología en la Universidad de Carolina del Sur y especialista en tácticas policiales, quien pidió estudiar mejor el dispositivo antes de lanzarse a una compra masiva y planteó empezar por un pedido más pequeño. Su advertencia apunta directamente al tipo de agente que va a llevar los guantes: "Se los estás vendiendo al por mayor a un grupo de agentes que pueden no estar capacitados en otras estrategias como la desescalada o entrenados para interactuar con el público de maneras no coercitivas, como sí lo están la mayoría de los policías locales". Para Alpert, el riesgo de mal uso es prácticamente inevitable si no se garantiza antes una formación adecuada y unos protocolos claros de aplicación.
Por ahora el proceso sigue su curso administrativo: el ICE tendrá que cerrar el contrato de compra, fijar el reglamento de entrenamiento y decidir en qué situaciones concretas se autoriza su uso antes de que el primer guante eléctrico llegue a la calle. Queda por ver si las críticas de demócratas y organizaciones de derechos civiles logran frenar o condicionar la compra, y si la propia agencia atiende las reservas planteadas por especialistas como Alpert antes del despliegue masivo.
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