La dimisión del jefe de Gabinete del delegado en Ceuta cerca al Gobierno
Gonzalo Sanz deja su cargo con una carta que contradice la versión oficial y coloca en el disparadero a Moncloa. La primera renuncia de la crisis de Ceuta no calma las aguas, las revuelve.
La crisis de Ceuta se cobró este viernes su primera víctima institucional. Gonzalo Sanz, jefe de Gabinete del delegado del Gobierno en la ciudad autónoma, presentó su dimisión con una carta que, según ABC, desmonta el relato que Moncloa venía sosteniendo desde el inicio de la polémica. No se trata, subraya el propio texto, de una asunción de responsabilidades por los fallos en la valoración de la amenaza, sino de un nuevo frente abierto contra el Ejecutivo.
El origen del cruce
El detonante se remonta a un intercambio de mensajes con un miembro del CNI un día antes de que se produjera la entrada masiva de personas en la ciudad autónoma. Según la documentación citada por ABC, el aviso alertaba de un llamamiento en redes sociales para forzar el paso por la valla y por mar, con grupos que sumaban unos 180.000 seguidores. Horas después, ambos volvieron a hablar por teléfono durante once minutos, una conversación cuyo contenido no ha trascendido.
Al conocerse estos mensajes, el delegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez Triano, afirmó que su jefe de Gabinete no le trasladó el contenido de esos contactos. Esa versión, señala el diario, dejaba a Sanz en una posición insostenible, y es la que este ha decidido rebatir públicamente en su carta de renuncia.
La evidente incompatibilidad entre su versión y la del delegado motivó su salida
En el escrito, Sanz sostiene que sí informó el mismo día a Pérez Triano de su intercambio con el CNI, y justifica su marcha precisamente en esa «evidente incompatibilidad» entre ambos relatos. Al mismo tiempo, y de forma llamativa, se alinea con la tesis de Moncloa al minimizar la relevancia del aviso: según reproduce ABC, un simple mensaje de WhatsApp a un cargo menor no equivale a un informe formal del CNI, que se entrega en sobre lacrado a los organismos competentes.
Una acusación que sube de nivel
Pero la carta no se queda ahí. Sanz asegura, de acuerdo con la información publicada, que existen informes que demuestran que desde la Delegación del Gobierno se trasladó la labor de aviso y alerta a distintos ministerios, lo que trasladaría la responsabilidad mucho más arriba en la cadena de mando. Fuentes de Moncloa citadas por el diario rechazan ese extremo y sostienen que ni el jefe de Gabinete ni el CNI elevaron esa información a sus superiores, algo que interpretan como prueba de que no se le dio la importancia suficiente en su momento.
El foco, según ABC, ha terminado apuntando a Diego Rubio, jefe de Gabinete de Pedro Sánchez, señalado por varias fuentes como quien pilotó la gestión de la crisis desde el primer día con una estrategia que consideran equivocada.
Versiones enfrentadas
El propio origen de la dimisión también se ha convertido en materia de disputa. Mientras Sanz presenta las declaraciones del delegado como el motivo de su salida, Pérez Triano ha defendido que fue él quien decidió prescindir de su jefe de Gabinete. Fuentes del PSOE consultadas por ABC apuntan, sin embargo, que el propio delegado conocía el contenido de las conversaciones que su mano derecha mantuvo con el CNI, en contraste con la versión que ambos han sostenido en público hasta ahora.
Pese a las contradicciones internas que reconoce el propio diario, Moncloa no ha movido un ápice su respaldo a Pérez Triano. Desde la Delegación del Gobierno se insiste en que no hubo conocimiento, antes del 30 de julio, ni del contenido del mensaje de WhatsApp ni de la llamada telefónica posterior, y se remarca que el CNI nunca llegó a estimar cuánta gente acabaría movilizándose realmente ni la probabilidad de que la convocatoria se materializase.
La gestión de la crisis desgasta al Gobierno más por la forma que por el fondo: la sucesión de comunicados contradictorios y la publicación de documentos que, según el propio relato oficial, prueban la existencia de avisos previos, alimentan la sensación de descontrol en un asunto que Sánchez había querido zanjar con una supuesta ofensiva de transparencia.
Queda por ver si la salida de Sanz es un caso aislado o el primero de una serie de movimientos dentro del organigrama de Ceuta, y si la presión que ya se filtra desde dentro del propio PSOE obliga a Moncloa a revisar su respaldo al delegado del Gobierno.
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