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Moncloa refuerza su relación con Marruecos pese a la crisis migratoria en Ceuta

El Gobierno mantendrá intacta su política hacia Rabat tras la entrada de más de 80.000 inmigrantes en la ciudad autónoma. En Moncloa insisten en que Marruecos «no ha hecho nada mal».

Moncloa refuerza su relación con Marruecos pese a la crisis migratoria en Ceuta
Imagen: La Razón

Ceuta lleva más de dos semanas sumida en tensión tras la entrada de más de 80.000 inmigrantes procedentes de Marruecos, en episodios marcados por gritos de «Viva España» y por la negativa de buena parte de los recién llegados a regresar a África. La crisis estalló mientras el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, disfrutaba de sus vacaciones en La Mareta, y Marruecos no ofreció respuesta alguna durante los primeros días.

Un cambio de actitud en la frontera

El pasado fin de semana, sin embargo, el país vecino sí actuó. Frente a los llamamientos difundidos en redes sociales para organizar un nuevo asalto masivo al paso fronterizo, las autoridades marroquíes certificaron, según sus propias cifras, la detención de 300 personas. La imagen contrasta con la pasividad mostrada el 31 de julio, cuando miles de personas cruzaron sin apenas obstáculos.

Pese a ese giro, ni en Moncloa ni en Ferraz se plantean tomar distancia con Rabat. Al contrario, el Gobierno se dispone a reforzar su «buena relación» con Marruecos, incluso a costa de las dudas y las críticas que ya circulan dentro de las filas socialistas. El Ejecutivo mantiene intacto tanto el enfoque de su política migratoria como el tono general de su política exterior hacia el país vecino, mientras que desde las instituciones europeas se prefiere mantener las distancias con Marruecos para evitar injerencias en un asunto que Bruselas considera bilateral.

Fuentes de Moncloa, citadas por La Razón, sostienen que durante unas horas las autoridades marroquíes dejaron pasar a los migrantes «para evitar aún más muertes» y que, una vez recuperado el control del perímetro, evitaron miles de nuevas entradas. Esa lectura, tanto en su versión extraoficial como en la percepción trasladada por varios ministros, cierra filas en torno a la gestión de la crisis. Sánchez, de hecho, mantuvo este mismo fin de semana una reunión telemática con su gabinete para abordar la situación.

«No hay evidencias de que Rabat haya hecho nada mal»

Marruecos, socio estratégico desde hace años

El respaldo a Rabat no es nuevo. Según reveló La Razón, el Ejecutivo de Sánchez llegó a presentar a Marruecos como su socio favorito para amortizar las relaciones internacionales en materia de estrategia militar durante los años 2021 y 2024. En la documentación se hablaba de niveles «nunca alcanzados antes» en las relaciones económicas entre ambos países, con referencias al proyecto del AVE entre La Meca y Medina, conocido como la línea del desierto, y al despliegue de empresas españolas en el país vecino. «Hace más de 15 años que España desarrolla un enfoque global en migración en estrecha colaboración con Marruecos», recogía el propio documento.

Esa misma lógica se traslada al ámbito de la defensa. El pasado 19 de marzo, el Ministerio de Defensa hizo público el cuaderno de la Estrategia 234, centrado en los puertos del Estado y en la seguridad nacional ante lo que describe como un «contexto socioeconómico muy globalizado» que multiplica las amenazas para el país.

Un estatus especial pendiente

El documento reconoce la «singularidad y la funcionalidad» de los puertos de Ceuta y Melilla y expresa preocupación por unas «infraestructuras esenciales» fundamentales para la soberanía nacional que, según el propio texto, han quedado desatendidas en las últimas semanas. También advierte de que ambos enclaves muestran «signos de fragilidad institucional y operativa» derivados en buena medida de su aislamiento logístico. «Deben ser tratadas como lo que son y se debe proteger su operatividad y resiliencia», señala el cuaderno estratégico.

El propio texto recuerda episodios como la ocupación del islote de Perejil o la reiterada entrada de inmigrantes irregulares, que define como «una constante», para recomendar «una especial atención» por parte de Moncloa. Reclama además un estatus especial para ambos enclaves, que pasarían a depender directamente de Presidencia del Gobierno para garantizar, según el documento, una comunicación más ágil entre administraciones.

Queda por ver si ese estatus reforzado llega a materializarse alguna vez o si sigue durmiendo en un cajón, como tantos cuadernos estratégicos. Por ahora, Moncloa insiste en que la relación con Rabat es buena. En Ceuta, de momento, toca esperar a que lo sea también la solución.

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