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¿Qué le debe Sánchez a Marruecos? Niega ahora el espionaje de Pegasus

El presidente calificó de bulo, bueno como mucho para una serie de Netflix, la sospecha de que Rabat le presiona con información obtenida del espionaje a su móvil. Fue su propio Gobierno quien confirmó ese espionaje en 2022.

¿Qué le debe Sánchez a Marruecos? Niega ahora el espionaje de Pegasus
Imagen: Libertad Digital

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha vuelto a restar importancia al caso Pegasus. Preguntado por un vecino de Ceuta sobre si Marruecos podría estar utilizando en su contra información obtenida del espionaje a su móvil, el jefe del Ejecutivo respondió que la sospecha es un bulo bueno, como mucho, para una serie de Netflix, según recogió Libertad Digital.

La respuesta llega en plena crisis migratoria en la ciudad autónoma y mientras el Gobierno mantiene un perfil bajo ante las sucesivas exigencias de Rabat. En una entrevista concedida a La Sexta, Sánchez insistió en que no existe ninguna prueba que incrimine a Marruecos en el espionaje y en que los avisos del CNI nunca anticiparon una avalancha migratoria de las características que se vivieron en Ceuta.

La hemeroteca le desmiente

El problema para el presidente es que la hemeroteca le contradice a él mismo. Fue su propio ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, quien en mayo de 2022 compareció de urgencia junto a la entonces portavoz Isabel Rodríguez para confirmar que los teléfonos de Sánchez y de la ministra de Defensa, Margarita Robles, habían sido infectados con el software espía Pegasus, capaz de acceder al contenido íntegro de un dispositivo.

Según explicó entonces el propio Ejecutivo, del móvil del presidente se llegó a extraer hasta 2,57 gigabytes de información. El espionaje, además, no se limitó a Moncloa ni a Defensa: también resultaron infectados los terminales del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y el de Agricultura, Luis Planas, según recogió Libertad Digital.

Un bulo bueno, como mucho, para una serie de Netflix

El giro del Sáhara

Las consecuencias políticas de aquel episodio no se hicieron esperar. Tras la crisis de Ceuta de mayo de 2021, cuando miles de personas entraron de forma irregular en la ciudad coincidiendo con la hospitalización en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, el Gobierno firmó en marzo de 2022 un giro histórico en su política exterior al reconocer el plan marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental, rompiendo con décadas de neutralidad activa española en el conflicto.

El Programa de Cuesta, el espacio de análisis de Libertad Digital y esRadio, sitúa ambos hechos, el espionaje confirmado y el vuelco sobre el Sáhara, como las dos caras de una misma moneda: la sospecha de que Rabat dispone de información sensible sobre el presidente y la utiliza para condicionar la política exterior española, dejando al Estado en una posición de debilidad ante las sucesivas exigencias marroquíes.

Qué queda por ver

El Gobierno nunca ha admitido esa hipótesis de chantaje y la ha calificado en repetidas ocasiones de teoría sin fundamento, remitiéndose a que la investigación judicial del caso Pegasus terminó archivada al no poder acreditarse la autoría del ataque contra los móviles de sus ministros.

Mientras esa incógnita sigue sin resolverse, Marruecos continúa presionando en otros frentes, desde la gestión del flujo migratorio en Ceuta hasta el propio futuro del Sáhara, sin que Moncloa haya explicado con claridad por qué ha ido cediendo terreno desde 2021. La pregunta que se hacen cada vez más españoles, qué le debe realmente Sánchez a Marruecos, sigue sin respuesta oficial.

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