Rallo señala las tres frases que considera «más psicopáticas» de Pedro Sánchez
El escritor y economista ha reunido bajo ese título tres declaraciones del presidente en otros tantos momentos de crisis, desde la DANA de Valencia hasta la crisis migratoria de Ceuta. Otros especialistas consultados rechazan que pueda hablarse de un diagnóstico.
El escritor, conferenciante y economista Juan Ramón Rallo ha puesto el foco en tres declaraciones de Pedro Sánchez pronunciadas en otros tantos momentos de crisis y las ha reunido bajo un título contundente, según recoge The Objective: «las tres frases más psicopáticas de Pedro Sánchez». Rallo no afirma un diagnóstico, sino que lanza una pregunta: si son simples frases desafortunadas o si reflejan la verdadera forma de gobernar del presidente.
De Paiporta a Ceuta
La primera frase seleccionada por Rallo es «yo estoy bien», pronunciada tras la visita de los Reyes, Sánchez y el entonces presidente valenciano Carlos Mazón a Paiporta, en los días posteriores a la devastadora DANA de 2024. La comitiva fue recibida entre protestas, insultos y lanzamiento de barro y objetos; Sánchez abandonó la zona antes que los Reyes y, preguntado después por su situación, respondió con esa frase que, para Rallo, introduce su propio estado personal en un contexto marcado por las víctimas y los daños materiales.
La segunda es «son las cinco, no he comido», pronunciada en junio de 2025 tras una reunión de más de cinco horas de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE, convocada después de conocerse el informe de la UCO de la Guardia Civil sobre Santos Cerdán. Sánchez la dijo ante una prensa que también llevaba horas esperando su comparecencia, y siguió hablando después. Para Rallo vuelve a aparecer el mismo patrón: una necesidad personal del presidente asomando en medio de una crisis política de primer orden.
La tercera frase, más reciente, llegó cuando Sánchez fue preguntado por las críticas a sus vacaciones en pleno descontrol de la crisis migratoria de Ceuta. Su respuesta fue «he trabajado y he descansado, también ese es mi derecho». El presidente reivindicó el derecho de los responsables políticos a descansar, aunque matizó que sigue pendiente de sus responsabilidades. Rallo encuentra en este episodio el mismo patrón que en los dos anteriores.
¿Son simples frases desafortunadas o reflejan la verdadera forma de gobernar de Pedro Sánchez?
Un debate que ya venía de antes
Rallo no es el primero en usar vocabulario clínico para describir a Sánchez. La catedrática jubilada de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Málaga Ángeles Gervilla, autora de un libro sobre la mentira, lleva tiempo señalando lo que ella describe como una ausencia llamativa de las alteraciones nerviosas habituales al mentir, y ha calificado públicamente al presidente de «psicópata, narcisista e impostor».
El psiquiatra forense José Cabrera discrepa de forma explícita: «Pedro Sánchez no es un psicópata ni un trastornado», ha afirmado. Cabrera sí aprecia en el presidente una «frialdad emocional» marcada y una «resistencia estratégica de supervivencia centrada en un yo hipertrofiado», además de narcisismo, autoestima muy elevada y poca autocrítica, pero insiste en que hablar de rasgos de personalidad no equivale a diagnosticar una psicopatía. En la misma línea, el psiquiatra José Carlos Fuertes relaciona a Sánchez con el llamado síndrome de Hubris, el de quien «se ve como un ser excepcional», pero advierte de que no debe etiquetarse como una patología o una alteración mental.
Lo que dice la evidencia científica
La psicopatía es, para la ciencia, un constructo complejo que se estudia a partir de dimensiones interpersonales, afectivas y conductuales como la falta de empatía y remordimiento, la insensibilidad, la manipulación o la grandiosidad. Presentar alguno de esos rasgos de forma aislada no convierte automáticamente a nadie en psicópata. Un metaanálisis publicado en Clinical Psychology Review, que reunió 477 estudios y datos de 142.692 participantes, encontró que las puntuaciones más altas en psicopatía se asocian a mayores déficits de empatía afectiva, es decir, a la capacidad de compartir emocionalmente lo que sienten los demás; la relación con la empatía cognitiva, la de entender intelectualmente esos estados, resultó más débil.
Una revisión sistemática de 2025, centrada en la llamada Tríada Oscura (narcisismo, maquiavelismo y psicopatía) y basada en 14 estudios con 5.328 participantes, llegó a una conclusión parecida: de los tres rasgos, la psicopatía es el que presenta la asociación negativa más fuerte con la empatía afectiva. Son los datos que suelen citarse cuando se vincula lo «psicopático» con la falta de empatía, aunque los propios investigadores subrayan que no ser empático no implica ser psicópata.
Entre las distintas valoraciones sobre Sánchez se repiten palabras como frialdad, narcisismo, autoestima elevada o falta de empatía, pero ningún especialista sostiene que exista un diagnóstico clínico. Ni las frases reunidas por Rallo ni las etiquetas de otros analistas acreditan un trastorno; son, como recuerda el propio medio que las recogió, opiniones sobre el comportamiento público del presidente, no un peritaje. La pregunta que Rallo deja en el aire, la de si el patrón responde al azar o a una forma de gobernar, sigue sin respuesta cerrada.
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