Una marcha en honor a Maricarmen recorre Madrid entre gritos de ¡no son muertes, son asesinatos!
Unas 20.000 personas han caminado este jueves desde la Puerta del Sol hasta la casa de Maricarmen Abascal, la vecina fallecida tras años de lucha contra su desahucio que se ha convertido en símbolo del movimiento por la vivienda.
Unas 20.000 personas, según la cifra facilitada por la Delegación del Gobierno, han recorrido este jueves el centro de Madrid en una marcha para despedir a Maricarmen Abascal, la vecina cuya resistencia frente a un desahucio la convirtió en la figura que impulsó la acampada de tiendas de campaña instalada en la Puerta del Sol. El cortejo ha salido a las ocho de la tarde desde la plaza, bajando por la calle de Alcalá, y ha concluido frente al portal del barrio de Ibiza donde Maricarmen vivió siete décadas y al que ya no pudo regresar.
Un adiós colectivo
Según ha relatado El País, el ambiente no era el de una manifestación convencional, sino el de un duelo compartido: la mayoría del trayecto se ha hecho en silencio, con grupos de desconocidos caminando codo con codo detrás de una corona de flores naranjas, el color distintivo del Sindicato de Inquilinas. Del ramo colgaba un lazo con el mensaje Seguiremos luchando por ti, te quiere, tu Sindicato, y una nota impresa que decía: murió en acto de servicio en defensa de su dignidad. Decenas de manifestantes portaban velas y fotografías de Maricarmen sonriendo con el puño en alto, tomadas durante uno de los tres intentos de desahucio que su entorno logró paralizar.
El silencio se ha roto al paso de la comitiva por el Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento de Madrid, donde según la crónica del diario los asistentes han coreado consignas como la que da título a la protesta.
¡No son muertes, son asesinatos!
La proclama llegaba horas después de que, según El País, PP y Vox se negaran en la Asamblea de Madrid y en el propio Ayuntamiento a sumarse a un minuto de silencio por la muerte de Maricarmen, una iniciativa propuesta por Más Madrid y respaldada por el PSOE. Los populares y Vox defendieron su negativa alegando que no querían instrumentalizar la muerte de ninguna persona, según recoge el medio.
El origen de un símbolo
Maricarmen Abascal llevaba años enfrentada a un proceso de desahucio de su vivienda habitual, una batalla judicial que se prolongó durante siete años, según ha publicado El País en reportajes previos sobre su caso. Fue ella quien, al plantar la primera tienda de campaña en protesta, dio origen a la acampada que hoy reúne a más de un millar de lonas en la Puerta del Sol y que el Sindicato de Inquilinas convirtió en el centro de su movilización contra los desahucios. Maricarmen falleció hace apenas 24 horas, tras una hospitalización, horas antes de que estuviera previsto que firmara un nuevo contrato de alquiler y pudiera regresar a su domicilio, según el relato del periódico.
Varios testimonios recogidos durante la marcha reflejan hasta qué punto su historia ha calado más allá de su entorno cercano. Lucía López, profesora de 60 años, y su hijo Andrés Miranda acudieron juntos con un lazo negro prendido en la chaqueta; él, que trabaja en finanzas, reconocía que era su primera convocatoria del sindicato y que consideraba la muerte de Maricarmen una consecuencia de este sistema. Otros asistentes, como el pamplonés Mikel Azkoitia, de 59 años, explicaban que se habían sumado a la marcha por sus propios hijos, ya en edad de independizarse pero sin posibilidad real de hacerlo.
Qué significa ahora
El caso de Maricarmen ha reavivado el debate sobre los desahucios en España justo cuando el Sindicato de Inquilinas lleva semanas protagonizando la acampada de Sol, bautizada por sus integrantes como ciudad ácrata. Su muerte, según describe El País, ha dejado de ser una cifra más en las estadísticas de desahucios para convertirse en un símbolo que ha logrado movilizar en una sola tarde a decenas de miles de personas de perfiles muy distintos, desde vecinos de su calle hasta colectivos que nunca la conocieron.
La marcha ha terminado pasadas las diez y cuarto de la noche frente al portal donde Maricarmen vivió, con un último minuto de silencio y las velas encendidas junto al altar improvisado que, según el periódico, ya acumulaba más de un centenar de ofrendas desde que se conoció su fallecimiento. Queda por ver si la repercusión de este homenaje se traduce en algún gesto institucional por parte del Ayuntamiento o de la Comunidad de Madrid, y si el caso de Maricarmen termina influyendo en la tramitación de futuros desahucios que el Sindicato de Inquilinas sigue intentando frenar.
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