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Los vecinos de Ceuta, al borde del colapso, vuelven a pedir ayuda al Gobierno: “Esto no es una frontera, es un caos”

La ciudad autónoma denuncia abandono institucional mientras la presión migratoria dispara el miedo y la tensión social en las calles.

Los vecinos de Ceuta, al borde del colapso, vuelven a pedir ayuda al Gobierno: “Esto no es una frontera, es un caos”
Imagen: La Razón

Ceuta ha cruzado, según sus propios vecinos, una línea crítica. La ciudad autónoma vuelve a pedir auxilio al Gobierno central ante una situación que muchos residentes describen ya como insostenible. "Esto no es una frontera, es un caos", repiten estos días en las calles, en los comercios y en los centros asistenciales, según recoge La Razón, en un relato que se ha vuelto habitual entre quienes conviven a diario con la presión migratoria en la ciudad.

El miedo se instala en las calles

El malestar no se limita a las cifras ni a los titulares. Según los testimonios recogidos por el citado medio, la sensación de abandono es total entre una población que se siente sola y sin protección suficiente. "Las mujeres no salen solas porque tienen miedo", relata una vecina, mientras otros residentes describen un estado de tensión permanente que ya no se vive en silencio.

Las mujeres no salen solas porque tienen miedo

Los ceutíes consultados por La Razón sostienen que la situación ha ido a peor en las últimas jornadas. La saturación de los servicios públicos, la falta de control en zonas clave de la ciudad y la ausencia de una estrategia clara por parte del Ejecutivo habrían alimentado un hartazgo que se ha trasladado directamente a la calle, con protestas frente a la Delegación del Gobierno, convertida en epicentro de las quejas ciudadanas.

Sin censo claro y con los recursos al límite

El fondo del problema, según los vecinos, es la falta de datos fiables sobre cuánta gente permanece realmente en la ciudad. Denuncian que no existe un censo claro, que los recursos asistenciales están saturados y que Ceuta opera en un estado de vulnerabilidad que, insisten, no puede prolongarse mucho más. "Cada día que pasa es peor", explica un residente citado por La Razón, que advierte del riesgo de que se produzca un incidente grave que, dice, "nadie quiere que ocurra".

Entre la cifras que maneja el propio periódico figura la de más de 1.300 menores pendientes de retorno que la ciudad acoge en estos momentos, un dato que por sí solo retrata la magnitud del reto asistencial al que se enfrentan los servicios sociales ceutíes. El temor añadido, según fuentes municipales recogidas por el medio, es que las convocatorias que circulan en redes sociales puedan derivar en una nueva entrada masiva de migrantes en los próximos días.

Mientras el Gobierno insiste en que está reforzando la frontera y acelerando los procedimientos de retorno, los vecinos aseguran que la realidad que viven en las calles es muy distinta a la que describe el discurso oficial. Esa distancia entre el relato institucional y la experiencia cotidiana de los ceutíes se ha convertido, según recoge La Razón, en un abismo que alimenta aún más la desconfianza hacia las instituciones.

La política entra en la ecuación

El malestar vecinal ha encontrado un altavoz inmediato en la oposición. El presidente de la ciudad, Juan Jesús Vivas, ha reclamado mecanismos legales para poder expulsar a los inmigrantes irregulares, al considerar que "el Gobierno no ha estado a la altura" de la crisis. El presidente del Senado se ha sumado a esa petición pidiendo un cambio legal que permita responder a futuras entradas masivas, mientras que Vox exige medidas excepcionales y acusa al Ejecutivo de no haber protegido a los ceutíes pese a los avisos previos sobre una posible avalancha migratoria.

Por su parte, el Gobierno mantiene que la situación está bajo control y que se están reforzando los efectivos y los procedimientos administrativos en la frontera, sin que hasta el momento haya trascendido un plan específico dirigido a atender las quejas concretas de los vecinos ni a aclarar el número real de personas presentes en la ciudad.

Con la Delegación del Gobierno convertida en punto de protesta y el debate político ya en plena ebullición, la pregunta que queda en el aire es si Madrid responderá con medidas concretas o si Ceuta seguirá esperando una solución que, según sus vecinos, se demora demasiado.

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