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Glaxo: el atmosférico thriller de Benjamín Naishtat que remueve las heridas de la dictadura en San Sebastián

El director argentino presentó en el Festival de San Sebastián su nueva película, una historia de amistad rota, traición y violencia política ambientada en los años 50 que la crítica de El Mundo calificó con cuatro estrellas.

Glaxo: el atmosférico thriller de Benjamín Naishtat que remueve las heridas de la dictadura en San Sebastián
Imagen: El Mundo

El cineasta argentino Benjamín Naishtat presentó el domingo en el Festival de San Sebastián Glaxo, una nueva incursión en el cine negro que retoma el pulso de su celebrada Rojo para retratar la herida abierta de la dictadura militar. Según El Mundo, la cinta se alzó como la más destacada de las tres películas que la Sección Oficial del certamen donostiarra puso en pantalla esa jornada, calificada con cuatro estrellas sobre cinco por el crítico del diario.

Mientras las calles de San Sebastián se llenaban de curiosos a las puertas del hotel María Cristina para ver de cerca a Penélope Cruz o a los Javis, protagonistas de otro estreno de la jornada, la sala del festival se adentraba en un registro muy distinto, el de un drama oscuro sobre la culpa y el tiempo perdido.

El origen de una traición

Glaxo narra la historia de un grupo de amigos roto tiempo atrás por la traición de uno de ellos. A un pueblo alejado de todo, Chivilcoy, llega un viejo policía retirado que arrastra honores sangrientos ganados durante el golpe militar contra Perón, germen de las dictaduras que vendrían después en Argentina. Según El Mundo, el expolicía, interpretado por Marcelo Subiotto, llega acompañado de una mujer, encarnada por Lali Espósito, empeñada en remover el orden establecido del pueblo, incluidos los deseos aún por formar de los jóvenes que lo habitan.

La trama se activa cuando uno de esos jóvenes, además de amante ocasional de la mujer del expolicía, descubre que otro de sus amigos es también rival amoroso en secreto. Su respuesta es el mayor de los crímenes posibles en ese contexto: la delación ante el marido, presa de los celos. Esa traición es la que, años después, empuja el resto de la película.

El título hace referencia a la fábrica de la que vive todo el pueblo y que envenena todo de amianto y cáncer

La película se construye en dos tiempos. Toda la trama transcurre en un largo flashback que arranca en el momento en que el joven delatado, interpretado por Esteban Bigliardi, sale de la cárcel años después de que el policía se las arreglara para que la historia terminara así. Desde ese punto de partida, según recoge la crítica de El Mundo, Glaxo compone un retrato tenso, quizá algo premioso y demasiado consciente de sí, sobre el resentimiento, la culpa y la muerte.

Una atmósfera irrespirable

Lo más valorado de la propuesta de Naishtat, señala el diario, no es tanto la mecánica del argumento como el ambiente que logra construir, entre irrespirable y demasiado denso. Esa atmósfera compone, junto a Rojo, un díptico en el que se reconocen las mentiras, las humillaciones y las heridas de una sociedad que camina hacia el fracaso colectivo. El propio título de la cinta remite a la fábrica de la que vive todo el pueblo y que lo envenena de amianto y de cáncer, una metáfora que El Mundo califica de algo obvia, pero pertinente, sobre el deterioro moral que atraviesa toda la trama.

El filme llega avalado por la trayectoria de Naishtat, uno de los nombres propios del nuevo cine argentino gracias a títulos como Rojo (2018) y Puan (2023), ambos bien recibidos por la crítica internacional. Con Glaxo el director vuelve a los códigos del cine negro, esta vez ambientados en unos años 50 marcados por la violencia política, para hablar de la amistad, los sueños de juventud y el tiempo que ya no se puede recuperar.

La proyección de Glaxo compartió jornada en la Sección Oficial del festival donostiarra con otras dos apuestas europeas: Krux, de la debutante alemana Ulrike Tony Vahl, centrada en la ola de suicidios colectivos que se extendió por Alemania en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, y Brace your heart, de la sueca Amanda Kernell, un western ambientado en Laponia protagonizado por una mujer que hereda un rebaño de renos. Ninguna de las dos, según la crítica de El Mundo, alcanzó el nivel de la cinta argentina.

Con Glaxo, Naishtat confirma que su mirada sobre el pasado reciente argentino sigue siendo una de las más personales del cine en español, aunque habrá que esperar al palmarés del festival para saber si el jurado premia tanto rigor como fatalismo.

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