"Minicerebros" de laboratorio contra el tumor infantil que no perdona
Un equipo del Centro de Regulación Genómica de Barcelona ha creado organoides cerebrales para estudiar el glioma difuso de línea media, un cáncer pediátrico sin cura que mata en meses. Los primeros resultados con dos posibles tratamientos son, según sus autores, prometedores.
En un laboratorio del Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona, con vistas a la playa de la Barceloneta, un equipo de científicos cultiva con mimo unas estructuras del tamaño de una lenteja que podrían cambiar el pronóstico de una de las enfermedades más devastadoras que existen: el glioma difuso de línea media, un tumor cerebral infantil para el que hoy no hay cura y que, según relató el investigador Luciano Di Croce a El Mundo, suele resultar letal en solo unos meses.
Se trata de un cáncer raro, con entre 20 y 30 casos anuales en España, al que la industria farmacéutica apenas dedica recursos por su escasa incidencia. Afecta sobre todo a niños y se localiza en el tronco cerebral, una zona especialmente delicada del sistema nervioso central. El equipo liderado por Di Croce, epigenetista de origen italiano afincado en Barcelona desde hace más de dos décadas, lleva unos siete años tratando de entender sus mecanismos moleculares con el objetivo de encontrar una vía de tratamiento que hoy no existe.
Un tumor que no se puede operar
A diferencia de otros cánceres cerebrales como el glioblastoma, que forman una masa compacta, el glioma difuso de línea media se infiltra y migra por el tejido sano del tronco encefálico. Esa dispersión celular explica, según Di Croce, por qué la cirugía no es una opción y por qué el tumor ha resultado tan difícil de estudiar en el laboratorio hasta ahora.
Para sortear ese obstáculo, el grupo del CRG ha desarrollado, en colaboración con Jaume Mora, director científico del Centro del Cáncer Pediátrico del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, varios modelos experimentales a partir de muestras de pacientes reales. Además de ratones y neuroesferas, han creado organoides cerebrales, popularmente descritos como "minicerebros", en los que siembran células tumorales para reproducir en una placa de laboratorio el ecosistema en el que crece realmente el cáncer.
En esas estructuras, teñidas de verde en las imágenes que muestra el propio Di Croce, los investigadores pueden observar en tiempo real cómo el tumor se abre paso por el tejido. Y, lo más relevante, cómo reacciona cuando se le somete a distintos compuestos experimentales.
"La primera vez que vimos el efecto del inhibidor que investigamos fue maravilloso. Un momento eureka. Pero todavía falta mucho por demostrar"
Dos dianas, no una
El trabajo del equipo, centrado en el papel de la cromatina y de las proteínas del grupo Polycomb en el desarrollo del tumor, ya ha permitido identificar dos posibles dianas terapéuticas. Los primeros ensayos en el laboratorio con inhibidores que actúan sobre esos mecanismos han mostrado, según el propio investigador, cómo las células malignas mueren de forma progresiva tras la administración del compuesto.
La estrategia de buscar dos frentes de ataque en paralelo no es casual: el cáncer suele generar resistencias y mutar hasta dejar de responder a un único tratamiento. Contar con dos líneas terapéuticas distintas, según explicó Di Croce, multiplicaría las opciones de que la terapia siga siendo eficaz a largo plazo. El propio investigador se cuidó de gestionar las expectativas, recordando que todavía queda un largo camino de validación antes de que estos hallazgos puedan trasladarse a un ensayo clínico con pacientes, algo que su equipo espera lograr en unos años.
Recursos que no llegan
El proyecto cuenta con el respaldo de la Fundación "la Caixa", de FERO-Aladina y del Ministerio de Ciencia, aunque Di Croce lamentó que la aportación de este último organismo lleva dos décadas estancada en la misma cifra, pese al encarecimiento de la investigación. Un solo experimento piloto de transcriptómica espacial, herramienta hoy imprescindible para publicar en este campo, ronda los 25.000 euros, según detalló el científico, que advirtió del riesgo de que la falta de inversión termine concentrando la investigación puntera en unos pocos centros de Estados Unidos.
Detrás de esta línea de trabajo hay también la trayectoria de Mora, uno de los mayores expertos clínicos del mundo en este tumor, y el biobanco del Sant Joan de Déu, uno de los más completos en muestras pediátricas. Esa combinación de investigación básica y práctica clínica es, para Di Croce, la que puede marcar la diferencia frente a una enfermedad que hasta ahora ha dejado a las familias sin ninguna alternativa real.
Queda por ver si los resultados obtenidos en los minicerebros del CRG resisten las siguientes fases de validación y, sobre todo, si logran trasladarse algún día a la práctica clínica. Di Croce, que acaba de ser nombrado vicedirector del centro, insiste en no generar falsas esperanzas entre las familias afectadas, aunque reconoce que el objetivo final es sencillo de enunciar y enormemente difícil de alcanzar: que un diagnóstico que hoy equivale a una sentencia de meses deje de serlo.
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