Marlaska acusa a PP y Vox de incitar al odio en medio de la crisis de Ceuta
El ministro del Interior reprochó a la derecha y la ultraderecha el uso de términos como invasores y delincuentes tras los altercados del jueves en la ciudad autónoma, mientras el debate parlamentario dejó en segundo plano su roce con Defensa por el papel del CNI.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, compareció este viernes en el Congreso para abordar los graves incidentes registrados el jueves en Ceuta: el ataque de un grupo de migrantes a cuatro militares en la pedanía de Benzú y el posterior asalto de vecinos a los campamentos instalados en varias playas de la ciudad, donde se quemaron las construcciones precarias en las que se alojaban decenas de personas. El ministro pidió calma y sosiego para evitar cualquier conato de violencia.
Según recoge El País, Marlaska acusó a PP y Vox de contribuir a la estigmatización de las personas migrantes con declaraciones que, en sus palabras, alimentan la división social en un momento en el que hace falta responsabilidad, serenidad y sentido de Estado. El ministro reprochó a la ultraderecha, y ahora también a la derecha, el uso de términos como invasores y delincuentes, además de un llamamiento a cazar inmigrantes atribuido al diputado de Vox José María Figaredo. Como medida adicional, anunció el refuerzo de 40 agentes de la Unidad de Intervención Policial para prevenir nuevos incidentes.
Reacciones cruzadas
El reproche del ministro encontró eco en sus socios parlamentarios. El portavoz socialista en la comisión, David Serrada, calificó de racista el mensaje de PP y Vox desde el estallido de la crisis y les acusó de utilizar una tragedia para atacar al Gobierno en lugar de arrimar el hombro. El representante de Sumar, Enrique Santiago, fue más allá y habló de violencia fascista, pidiendo a Marlaska que actuara contra sus autores e inductores.
La respuesta de los aludidos no se hizo esperar. El diputado del PP por Ceuta, Javier Celaya, pidió también calma a la población y rechazó cualquier violencia, pero atribuyó lo ocurrido a la desesperación y la indignación más que justificada del pueblo ceutí ante lo que describió como la pasividad del Gobierno, que a su juicio trata a los invasores como víctimas cuando las verdaderas víctimas son los ceutíes.
La desesperación y la indignación más que justificada del pueblo de Ceuta
Por parte de Vox, el diputado Ignacio Gil-Lázaro mantuvo su tono habitual e insistió en hablar de invasión, sin darse por aludido por las acusaciones del ministro sobre las consecuencias que pudieran tener ese tipo de expresiones.
El papel de Marruecos
La comparecencia era una de las más esperadas por la crisis abierta días atrás entre Marlaska y la ministra de Defensa, Margarita Robles, a cuenta del papel del Centro Nacional de Inteligencia en los momentos previos a la entrada masiva de migrantes. Ese roce apenas se mencionó. El debate giró en cambio hacia Marruecos, al que Marlaska volvió a definir como un socio de colaboración estrecha, sostenida y eficaz a lo largo de los años, con contacto permanente con su homólogo Abdelouafi Laftit y coordinación policial constante. Según el ministro, Marruecos había interceptado a 2.857 personas antes de la entrada masiva.
Esa defensa cerrada de Rabat le valió críticas de todo el arco parlamentario, según El País. La diputada del PP Ana Vázquez cuestionó cómo puede hablarse de colaboración si Marruecos no ha aceptado ni siquiera a los muertos, en referencia a los más de 80 cadáveres recuperados en el mar que están siendo enterrados en la ciudad autónoma. Gil-Lázaro habló de un acto de guerra híbrida orquestada por Marruecos y lo relacionó con un supuesto chantaje vinculado al espionaje con Pegasus que sufrió el propio Marlaska en 2021. El portavoz de ERC, Francesc-Marc Álvaro, calificó de ridículo, grotesco y absurdo insistir en elogiar a Rabat, mientras Sumar habló de una maniobra de desestabilización con intenciones geopolíticas en la que implicó también a Estados Unidos e Israel.
Cifras sin cerrar
Casi un mes después del inicio de la crisis, la comparecencia dejó claro que persiste la falta de certeza sobre las cifras básicas. Marlaska mantuvo la cifra de 72.000 personas en la entrada masiva, la que maneja su departamento desde agosto, frente a otras fuentes que hablan de 80.000. También sostuvo en 5.000 el número de quienes permanecen de forma irregular en Ceuta, pese a que varios grupos insisten en que la cifra real podría duplicarla. Tampoco hay un dato cerrado sobre los menores no acompañados.
El ministro evitó cualquier autocrítica hacia su departamento o el Ejecutivo, aunque admitió que deben extraerse las lecciones necesarias de lo que definió como uno de los mayores desafíos recientes en gestión fronteriza y migratoria. Anunció mejoras en las instalaciones de la valla y los espigones de El Tarajal y Benzú, además de nuevas embarcaciones, drones submarinos y vigilancia aérea, y reconoció que el refuerzo policial podría mantenerse hasta finales de año. Queda por ver si esas medidas técnicas logran lo que la comparecencia de este viernes no consiguió: rebajar la temperatura política de una crisis que, un mes después, sigue sin cerrarse.
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