Cruzan a nado hasta Ceuta, se quedan sin comida y vuelven a Marruecos para repetir el salto
Varios de los migrantes marroquíes que han entrado en los últimos días en la ciudad autónoma regresan por su propio pie a Castillejos para conseguir agua y alimentos, antes de volver a intentar el cruce.
Algunos de los migrantes marroquíes que han conseguido entrar a nado en Ceuta durante los últimos días están regresando voluntariamente a Marruecos, no para renunciar a su objetivo, sino para conseguir comida y agua antes de volver a intentar el cruce hacia España. Así lo relatan varios de ellos a Europa Press en las inmediaciones de la playa del Tarajal, donde aseguran que en cuanto recuperen fuerzas en la localidad marroquí de Castillejos probarán suerte de nuevo.
La comida que falta
El motivo inmediato de esta marcha atrás temporal es el cierre de numerosos comercios en la ciudad autónoma, que está dejando a buena parte de los recién llegados sin acceso a recursos básicos. Es el caso de Mohamed, un menor de 15 años procedente de Fez que llegó a Ceuta el pasado sábado y que desde entonces apenas ha podido conseguir alimentos. Explica que él y sus amigos salieron de Marruecos en busca de un futuro mejor y que ahora su plan es volver unas horas a Castillejos, comer algo y regresar a intentar entrar en la ciudad con la esperanza de que le acojan en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI).
Una historia parecida cuentan Ahmed y Youssef, de 20 y 21 años, vecinos de Chauen, que decidieron acercarse a la frontera después de ver en Instagram que muchas personas estaban cruzando a nado y que, según les pareció, resultaba relativamente sencillo hacerlo. Ambos niegan haber recibido ayuda de mafias y sitúan el origen de su viaje en la falta de oportunidades laborales en Marruecos: Youssef dice que cobraba unos 3.000 dirhams al mes, alrededor de 280 euros, un sueldo que considera insuficiente para salir adelante.
Al encontrarse la ciudad prácticamente paralizada y con los comercios cerrados, los dos jóvenes optaron por regresar caminando a Marruecos, acompañados por militares españoles hasta el propio paso fronterizo. Antes de irse, sin embargo, dejaron claro que no se trata de una despedida: volverán a intentarlo en cuanto puedan, convencidos de que la vigilancia en la frontera sigue siendo insuficiente para frenarles.
Esperar para quedarse
No todos los migrantes siguen la misma estrategia. Ashraf, de 32 años y natural de Ifrán, cuenta que prefiere permanecer en Ceuta el tiempo que haga falta hasta que baje el número de personas presentes en la ciudad, convencido de que cuantos menos migrantes queden, más fácil le será encontrar un trabajo o trasladarse después a la Península.
Ashraf sostiene además que el cierre de los comercios no es casualidad, sino una estrategia deliberada para presionarles y forzar su regreso a Marruecos, y lamenta la falta de apoyo que percibe entre algunos compatriotas ya instalados en la ciudad. A su juicio, el intenso flujo migratorio de los últimos días tampoco se explica solo por las dificultades económicas del país vecino.
Si Marruecos quiere, por la frontera no pasa ni un mosquito
Ashraf considera que las autoridades marroquíes tienen capacidad de sobra para frenar estas entradas cuando les conviene, y que su volumen actual responde también a una decisión política al otro lado de la frontera. Añade, eso sí, que en Marruecos no se atrevería a decir esto mismo en público por miedo a sufrir represalias.
Los testimonios recogidos en el Tarajal dibujan así un fenómeno con más de una velocidad: mientras unos hacen cola para volver a intentarlo tras reponer fuerzas al otro lado, otros aguantan en Ceuta a la espera de que la presión sobre la ciudad se relaje. Lo que queda por ver es si el cierre de comercios y el refuerzo del control fronterizo logran contener estos movimientos de ida y vuelta, o si, como auguran los propios protagonistas, los intentos de cruce se repetirán en los próximos días.
Si has llegado hasta aquí, es que esto te importa.