Edmundo González recibe el Premio de Convivencia en el Senado y clama contra la tiranía en Venezuela
El líder opositor venezolano, acompañado por un discurso de María Corina Machado, reivindicó la unidad frente al régimen de Maduro y denunció la desprotección estatal tras el terremoto que devastó el país.
El Senado acogió este lunes la ceremonia del 34 Premio de Convivencia de la Fundación Manuel Broseta, que este año distinguió al opositor venezolano Edmundo González Urrutia. En un acto cargado de simbolismo, González pronunció un discurso centrado en la defensa de la convivencia democrática frente a lo que calificó como un «régimen tiránico y criminal». Al encuentro asistieron, entre otros, el presidente de la Cámara Alta, Pedro Rollán, y el presidente de la Generalitat Valenciana, Juan Francisco Pérez Llorca.
Convivencia frente a división
González señaló que «las democracias no se debilitan porque existan diferencias», sino «cuando dejan de existir principios compartidos para resolverlas». Según recoge ABC, el líder opositor insistió en que la división en Venezuela no es una simple consecuencia de la crisis, sino que se ha convertido en un «instrumento de poder» al servicio del régimen chavista. Definió la convivencia no como algo que se «alcanza una vez y se queda para siempre», sino como «una decisión que una sociedad renueva día tras día».
«Una nación deja de reconocerse como comunidad cuando sus ciudadanos dejan de confiar los unos en los otros»
El opositor apuntó que su mayor reto es precisamente «recuperar la confianza» de los venezolanos, erosionada por décadas de autoritarismo. En ese mismo sentido subrayó que «la dignidad humana está por encima del poder» y que «la libertad pertenece a todos», una declaración en la que coincidió el presidente valenciano Pérez Llorca durante su intervención.
González cerró su discurso con un tono emotivo al asumir «la responsabilidad de seguir trabajando por una Venezuela donde el poder vuelva a entenderse como un servicio, las instituciones protejan a las personas, la verdad fortalezca la confianza pública, la justicia permita sanar las heridas y donde cada venezolano vuelva a sentirse parte de un mismo proyecto nacional». Las palabras fueron recibidas con un largo aplauso por parte de los asistentes.
La voz de Machado desde la distancia
María Corina Machado, líder del movimiento Vente Venezuela, no pudo asistir presencialmente al acto. Su discurso fue leído por el asesor jurídico Tomás Arias Castillo. En él, Machado afirmó que «Venezuela está triste, pero entera» y reivindicó que el pueblo venezolano «se merece la paz, la libertad, la democracia y la prosperidad». Cerró con un mensaje de esperanza: todo será posible porque los venezolanos se tienen «los unos a los otros».
Ambos líderes dedicaron parte de sus intervenciones al terremoto que asoló Venezuela el pasado 24 de junio. Machado describió el sismo como «los dos minutos más largos» de las vidas de los afectados y decidió centrar su reflexión no en la lucha política, sino en «el desconcierto ante la muerte» y «el poder profundo» que emana de las «ganas de vivir» de su pueblo. Se trata de una catástrofe que, según diversas fuentes, ha dejado en torno a 4.000 fallecidos, con un régimen desbordado y una respuesta estatal que la oposición califica de insuficiente.
Un premio con historia
La Fundación Manuel Broseta otorga este galardón desde hace más de tres décadas en memoria del jurista y político valenciano asesinado por ETA en 1992. El premio reconoce a personas o instituciones que hayan destacado por su defensa de los valores democráticos y la convivencia. La elección de González Urrutia se produce en un momento en que la presión internacional sobre el régimen de Nicolás Maduro no cesa, con la Unión Europea y varios gobiernos latinoamericanos exigiendo el reconocimiento de los resultados electorales del pasado año.
El acto en el Senado pone de nuevo el foco en la crisis venezolana dentro de la agenda política española, un asunto que trasciende las fronteras de la política exterior y toca de lleno a la diáspora venezolana en España, una de las más numerosas de Europa. Queda por ver si el reconocimiento institucional se traduce en acciones diplomáticas concretas o si permanece, como tantas veces, en el terreno de lo simbólico.
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