Mad Cool cumple diez años: Madrid se convierte en la capital europea del festival
Del 8 al 11 de julio, el recinto Iberdrola Music de Villaverde reúne a más de setenta artistas, con Foo Fighters, Florence + The Machine, Pulp o Nick Cave a la cabeza. Una década para tomarle el pulso a la fórmula.
Madrid vuelve a ponerse el vaquero y las botas. Del 8 al 11 de julio, el recinto Iberdrola Music del distrito de Villaverde acoge una nueva edición del Mad Cool, que este año celebra su primera década de vida. Diez veranos desde aquel debut de 2016 en el que casi nadie apostaba por que la capital pudiera plantar cara a los grandes festivales del continente. Hoy ya no hay debate: puede, y lo hace.
Un cartelazo de altura
El cartel, con más de setenta artistas, es de los que se leen dos veces para creérselo. En lo más alto, Foo Fighters, Florence + The Machine, Nick Cave & The Bad Seeds y unos Pulp que resucitan el mejor britpop. Debajo, y sin que la palabra teloneros les haga justicia, Lorde, David Byrne, Pixies, Kings of Leon, The Black Crowes, Kasabian, Moby o Halsey. Un menú que mezcla el rock de estadio con la nostalgia noventera y algún nombre para la nueva generación.
Conviene, eso sí, no perder el sentido crítico entre tanto foco. El Mad Cool ajustó su aforo hasta los 50.000 asistentes por jornada, según OKDiario, una cifra sensiblemente menor a la de años en los que el recinto se quedó pequeño y la organización acabó pidiendo disculpas por las colas y los cuellos de botella. La lección parece aprendida: mejor un festival que respira que un festival que revienta.
Los precios, sin rodeos
Los precios, en cambio, son los que son y conviene decirlo sin rodeos. El abono general de cuatro días arranca en 240 euros, la entrada de día suelta en 95, y el salto al VIP dispara la factura hasta los 425 euros. El festival se ha vuelto un plan de presupuesto medido, y quien vaya con la cartera en la mano hará bien en calcular qué noche merece de verdad la pena. La música sigue siendo gratis solo en el recuerdo.
La música sigue siendo gratis solo en el recuerdo.
La organización ha reforzado el transporte para evitar el clásico atasco de la desbandada nocturna. Metro, cercanías y autobuses lanzadera funcionarán con horarios ampliados hasta bien entrada la madrugada, con salidas desde la Gran Vía de Villaverde hacia el centro. En un festival de verano, la logística de vuelta a casa importa tanto como el sonido del escenario principal.
Una década de baile
Más allá del ruido de la caja y de los megavatios, hay una idea de fondo que merece celebrarse. Que Madrid sostenga durante diez años un festival capaz de convocar a artistas de este calibre dice algo sobre la salud cultural de la ciudad y sobre un público que ya no se conforma con las migajas de las giras internacionales. El Mad Cool ha convertido a la capital en parada obligada, y eso, guste más o menos su modelo, es un logro.
Queda la pregunta de siempre, la que uno se hace mirando el recinto desde la noria al atardecer: ¿aguantará la fórmula otra década, o el modelo del macrofestival, caro y multitudinario, empieza a dar señales de agotamiento? La respuesta la irán dando los próximos veranos. Por ahora, Madrid baila, y lo hace con muy buen gusto musical.
Si has llegado hasta aquí, es que esto te importa.