Washington exige a Irán que garantice públicamente la seguridad del tráfico marítimo en Ormuz
Estados Unidos condiciona cualquier avance diplomático a que Teherán se comprometa de forma expresa y verificable a no hostigar buques en el estrecho más estratégico del mundo.
La Administración estadounidense ha elevado el tono frente a Irán con una exigencia sin precedentes recientes: que el régimen de Teherán se comprometa públicamente a no atacar, interceptar ni hostigar buques comerciales y militares en el estrecho de Ormuz. La demanda, según informa El País, se enmarca en las negociaciones que ambos países mantienen en un momento de máxima tensión en el golfo Pérsico, donde los incidentes marítimos se han multiplicado en los últimos meses.
El corredor más vigilado del mundo
El estrecho de Ormuz, un canal de apenas 33 kilómetros de anchura en su punto más estrecho, es el cuello de botella por el que transita cerca del 20% del petróleo que se consume en el planeta. Cualquier interrupción del tráfico en esa franja dispara los precios del crudo y genera ondas de choque en los mercados energéticos globales. Irán, cuya costa norte domina el paso, ha utilizado históricamente esa posición como palanca de presión geopolítica, amenazando con cerrar el estrecho cada vez que se siente acorralado por sanciones o acciones militares.
En las últimas semanas, según recogían varios medios internacionales, buques de la Guardia Revolucionaria iraní habían protagonizado maniobras de acoso contra petroleros y cargueros que navegaban por la zona. Washington respondió reforzando la presencia de la Quinta Flota y desplegando escoltas navales para acompañar a los mercantes, una medida que no se veía con esa intensidad desde 2019.
Washington quiere que Irán pase de la palabra privada al compromiso público y verificable
De la tregua rota a la mesa de negociación
La exigencia llega apenas tres días después de que el presidente Trump diera por terminada la tregua tácita que ambos países habían mantenido durante varias semanas, según informaba la BBC el pasado 8 de julio. Aquel pacto no escrito se rompió tras un nuevo incidente en un puerto cercano al estrecho, y Teherán advirtió entonces de una respuesta que calificó de «valiente». El intercambio de golpes, que incluyó ataques aéreos estadounidenses contra infraestructuras portuarias iraníes, dejó claro que la escalada podía descontrolarse.
Ahora, según la información de El País, la diplomacia ha vuelto a abrirse paso, pero con condiciones mucho más duras. La Casa Blanca ya no se conforma con garantías transmitidas por canales discretos. Exige un compromiso formal, público y verificable: que Irán declare ante la comunidad internacional que no interferirá en el libre tránsito por Ormuz. Se trata, en la práctica, de poner a Teherán ante el dilema de cumplir su palabra o quedar expuesto ante el mundo si la viola.
Lo que está en juego
Para Irán, aceptar esa exigencia supondría renunciar a una de sus bazas estratégicas más potentes. El control sobre el estrecho ha sido durante décadas el seguro de vida del régimen frente a la presión occidental: la amenaza implícita de estrangular el suministro energético global. Hacer pública esa renuncia debilitaría su posición negociadora en el dossier nuclear y en la relajación de sanciones.
Para Estados Unidos y sus aliados del Golfo, en cambio, la garantía de navegación libre es condición sine qua non para cualquier distensión. Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, cuyos ingresos dependen del flujo ininterrumpido de crudo por Ormuz, llevan meses presionando a Washington para que blinde esa seguridad antes de ofrecer concesiones a Teherán.
Los mercados energéticos han acusado la inestabilidad. El barril de Brent se ha mantenido por encima de los 90 dólares durante todo junio y julio, y los analistas advierten de que un solo incidente grave en el estrecho podría dispararlo por encima de los 110 dólares, con consecuencias directas sobre la inflación europea y, por extensión, sobre el bolsillo de los consumidores españoles.
La respuesta de Teherán a la exigencia estadounidense, que aún no se ha producido formalmente, marcará el rumbo de las próximas semanas. Si Irán acepta algún tipo de declaración pública, se abrirá una ventana para retomar las conversaciones sobre el programa nuclear. Si se niega, Washington ya ha dejado claro que mantendrá e incluso ampliará la presencia militar en la zona. En cualquiera de los dos escenarios, el estrecho de Ormuz seguirá siendo el termómetro de la relación más volátil de Oriente Medio.
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