Tres pantallas gigantes para enterrar una fiesta
La Laguna instalará plasmas en pleno Baile de Magos para no perderse el Mundial. Hay pueblos que se rinden con estruendo y otros que lo hacen sin sonido.
Hay derrotas que llegan con bandera blanca y trompeta, y otras que se cuelan de puntillas, en formato panorámico y alta definición. La Laguna, esa joya que Canarias tuvo el buen gusto de conservar durante siglos, ha elegido la segunda. Según la información publicada, el Ayuntamiento colocará tres pantallas gigantes en el recinto del Baile de Magos de San Benito Abad, este 10 de julio, para que nadie se pierda el España contra Bélgica de los cuartos del Mundial. Las actuaciones folclóricas, faltaría más, se ajustarán al horario del balón.
Admiración por la audacia
Reconozco cierta admiración por la audacia. Hace falta un talento especial para tomar una de las romerías más hermosas del archipiélago, con sus trajes de mago cosidos a mano y su memoria de generaciones, y decidir que lo que le faltaba era un marcador en la esquina superior derecha. No se trata de que sobre el fútbol. Se trata de que hay cosas que no se mezclan, igual que uno no sirve el vino de misa en vasos de tubo.
El detalle que más me divierte es la coartada técnica: las pantallas irán sin sonido. Como si la decencia fuese una cuestión de volumen. Como si silenciar el espectáculo bastara para que dejara de gritar. Una fiesta no se profana por los decibelios, se profana por el gesto, y el gesto aquí es inequívoco. Se le dice a la tradición que puede quedarse, siempre que no moleste, siempre que acepte compartir plaza con la retransmisión.
Como si la decencia fuese una cuestión de volumen.
Aliados inesperados
Curiosamente, en esto me encuentro del brazo de gente con la que rara vez coincido. La asociación de vecinos del casco histórico ha dicho, con toda la razón, que mezclar una cosa con otra está fuera de lugar. Hasta Unidas Se Puede se ha opuesto en nombre del patrimonio cultural. Cuando la izquierda festivalera y una servidora aplauden lo mismo, o el mundo se ha vuelto del revés, o la ocurrencia era tan mayúscula que ha logrado el imposible de unirnos.
Dirán que soy antigua, y no lo negaré, lo antiguo suele ser lo que ha resistido la prueba del ridículo. Pero conviene recordar que una romería no es un decorado que se alquila para el rato muerto entre penalti y penalti. El traje de mago no es un photocall. La identidad de un pueblo no es un contenido de relleno que se programa alrededor de lo verdaderamente importante, que ahora, por lo visto, es un partido.
Lo que no da risa
Detrás de la anécdota hay algo menos gracioso. Los vecinos hablan de gentrificación, de un casco histórico que pierde su alma a plazos, y tienen olfato. Así se apagan las tradiciones, no de un soplido, sino a base de pequeñas concesiones razonables hasta que un día la fiesta ya no distingue entre lo sagrado y lo comercial, y ni siquiera echa de menos la diferencia.
Ojalá España gane el viernes, de corazón. Pero ojalá gane también La Laguna, que se juega algo que no cabe en ningún marcador. Apaguen las pantallas y enciendan la fiesta. Todavía están a tiempo de que la posteridad los recuerde por su buen gusto y no por su mando a distancia.
Si has llegado hasta aquí, es que esto te importa.