Muere Lindsey Graham, el senador halcón que acabó rindiéndose a Trump
El republicano por Carolina del Sur ha fallecido a los 71 años por una «breve y repentina enfermedad». Su muerte sacude al ala neoconservadora del partido y compromete la ajustada mayoría del Senado.
Lindsey Graham, senador republicano por Carolina del Sur desde 2003 y uno de los aliados más firmes del presidente Donald Trump, ha muerto en la noche de este sábado a los 71 años de edad. Según el comunicado emitido por su oficina, el fallecimiento se ha producido como consecuencia de una «breve y repentina enfermedad». La familia ha pedido privacidad y ha agradecido las muestras de apoyo recibidas.
La noticia, adelantada por varios medios estadounidenses en la madrugada del domingo, ha causado conmoción en Washington. Graham ocupaba desde enero la presidencia del Comité Presupuestario del Senado, un puesto clave en plena negociación del techo de deuda y los presupuestos federales para el próximo ejercicio.
De rival a escudero
La trayectoria política de Graham estuvo marcada por un giro que definió la era Trump dentro del Partido Republicano. En 2016 se presentó a las primarias presidenciales con un discurso abiertamente crítico contra el entonces candidato neoyorquino. Llegó a calificarle de «loco» y a advertir de que su nominación sería la destrucción del partido, según recoge The Objective. Sin embargo, tras la victoria de Trump, Graham completó una de las conversiones más notorias del panorama político estadounidense: pasó de adversario a defensor incondicional, un patrón que se repitió en otros tantos potenciales rivales republicanos.
Su muerte sacude al ala neoconservadora del partido y compromete la ajustada mayoría del Senado
El halcón de Carolina del Sur
Más allá de su lealtad al presidente, Graham se definió siempre por una política exterior de línea dura. De marcado carácter belicista, según The Objective, fue una de las voces republicanas más favorables a la intervención militar en Irán y defendió en su día la invasión de Irak. También se posicionó como estrecho aliado de Israel en todas las votaciones del Senado referidas a Oriente Próximo.
En marzo de este mismo año propuso enviar una misión militar para tomar la isla iraní de Jark. «Lo conseguimos en Iwo Jima, podemos conseguirlo aquí», declaró, en referencia a la célebre batalla de la Segunda Guerra Mundial. Aquellas palabras le valieron críticas incluso dentro de su propia bancada republicana en el Congreso, pero ilustraban bien el estilo provocador que cultivó durante décadas.
Graham también fue protagonista de otra polémica reciente: en marzo solicitó la retirada de las tropas y el cierre de las bases de Estados Unidos en España, una petición que generó notable tensión diplomática entre Washington y Madrid.
Qué cambia en el Senado
La muerte de Graham tiene consecuencias inmediatas en el equilibrio de la cámara alta. Los republicanos mantienen una mayoría muy ajustada y la vacante abre un proceso de sustitución que, según la legislación de Carolina del Sur, corresponde al gobernador del estado. La designación del sustituto se produce en un momento delicado: la Administración Trump afronta la tramitación de varios proyectos presupuestarios y de defensa que requieren disciplina de voto absoluta.
En el plano simbólico, la desaparición de Graham deja huérfana al ala neoconservadora que él representaba dentro del trumpismo. Su capacidad para tender puentes entre el establishment tradicional republicano y la nueva guardia populista era prácticamente única en el Senado actual.
Queda por ver si el gobernador de Carolina del Sur opta por un perfil continuista o si la vacante acelera el relevo generacional que ya se venía gestando en las filas republicanas. Mientras tanto, Washington guarda luto por un senador que, con todas sus contradicciones, fue durante más de dos décadas una de las voces más reconocibles del Capitolio.
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