Cuántos inmigrantes hay en España y de dónde vienen
España superó por primera vez los diez millones de personas nacidas fuera de sus fronteras. Estos son los números reales de la inmigración, según el INE, y el mapa de las nacionalidades que la componen.
La inmigración es uno de los asuntos que más aparecen en el debate público y, a la vez, uno de los que se discuten con más cifras inventadas. Conviene, por eso, partir de los datos oficiales. Según la Estadística Continua de Población del Instituto Nacional de Estadística (INE), a 1 de enero de 2026 España tenía 49.570.725 habitantes, la cifra más alta de su historia, un récord sostenido precisamente por la llegada de población extranjera.
De ese total, 7.243.561 personas tenían nacionalidad extranjera, alrededor del 14,6 % de los residentes. Es un dato distinto, y a menudo confundido, del de las personas nacidas en el extranjero, que en la misma fecha sumaban 10.004.581, según el INE. Es la primera vez que ese grupo supera los diez millones. La diferencia entre ambas cifras se explica porque muchos inmigrantes ya se han nacionalizado y constan como españoles de pleno derecho.
El crecimiento no es un fenómeno puntual, sino sostenido. Solo en el cuarto trimestre de 2025 los residentes de nacionalidad extranjera aumentaron en 56.431 personas, según la misma estadística. Buena parte del aumento demográfico reciente de España se apoya en este flujo, en un país cuya población autóctona envejece y tiene una de las tasas de natalidad más bajas de la Unión Europea.
¿De dónde vienen? El mapa está encabezado, desde hace años, por tres nacionalidades. A 1 de enero de 2025, los marroquíes eran el colectivo más numeroso, con 968.999 residentes, según el INE. Les seguían los colombianos, con 676.534, y los rumanos, con 609.270. Son tres perfiles migratorios muy distintos entre sí: la vecindad histórica del Magreb, la migración latinoamericana y la libre circulación dentro de la Unión Europea.
El detalle por origen importa porque cambia con rapidez. Los mayores incrementos durante 2024 no correspondieron a los países con más residentes, sino a la migración latinoamericana reciente: los colombianos crecieron en 98.057 personas, los venezolanos en 52.555 y los marroquíes en 48.306, de acuerdo con el INE. La comunidad hispanohablante encuentra en España menos barreras idiomáticas y una vía de nacionalización más rápida, de dos años de residencia frente a los diez generales.
Las llegadas trimestrales confirman esa tendencia. En cada uno de los trimestres de 2025 la nacionalidad colombiana lideró las entradas, con cifras que oscilaron entre las 32.100 y las 39.800 personas, seguida de la venezolana y la marroquí. El componente latinoamericano se ha convertido, por tanto, en el motor principal de la inmigración actual, por delante de la africana en términos de flujo.
Conviene recordar que la inmigración no es un bloque homogéneo ni se reparte por igual en el territorio. Se concentra en las zonas de mayor actividad económica, Cataluña, Madrid, la Comunidad Valenciana, Andalucía y los archipiélagos, y en sectores muy concretos del mercado laboral, como la agricultura, la hostelería, la construcción y los cuidados. También es una población más joven que la media, lo que influye en las cuentas de la Seguridad Social.
Detrás de estos porcentajes hay, además, una realidad menos visible: la de quienes viven en España sin papeles. No existe un censo exacto de la irregularidad, por definición difícil de medir, pero procesos como la regularización extraordinaria de 2026, con más de un millón de solicitudes registradas, ofrecen una pista sobre su volumen. Los datos del INE cuentan a los residentes empadronados, no captan por completo a quienes permanecen al margen del sistema.
Los números, en definitiva, dibujan un país que ha cambiado deprisa. En apenas dos décadas España pasó de ser una nación de emigrantes a recibir a más de siete millones de extranjeros y a superar los diez millones de nacidos fuera. Entender de dónde vienen y en qué condiciones viven es el primer paso para debatir sobre inmigración con datos y no con impresiones.
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